Liebster Awards ft. Cross The Void

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Hace mil que no escribo, espero que se me disculpe.

Que no haya escrito no quiere decir que haya estado quieto; no hace mucho, me entró una epifanía artística y me vino la musa (si tengo que ir yo a buscarla no la encuentro). Así que para paliar mi ansia estuve realizando dibujos y “arte conceptual” como se le llama. Me gusta recrear más o menos lo que quiero escribir, aunque no lo vaya a escribir pronto. Simplemente, me gusta verlo. Y compartirlo.

Y ahora que vuelvo a mirar este pequeño blog, me hallo anonadado al ver que he sido nominado para unos tal Liebster Awards por la señorita Cross the Void, y en los que participaré gustoso, a pesar de que no tengo a nadie con el que continuar las nominaciones 😦

Bueno, allá voy.

1. ¿Cuál es lo primero que recuerdas haber leído?

Los Atlas.

2. ¿Y lo último?

Sonetos de Shakespeare.

3. Un libro que simplemente no hayas podido terminar.

El Silmarillion. No… puedo… leer… esto. Y mira que me esforcé, pero no podía.

4. ¿Tiene verdadero sentido un blog hoy, con el auge de las redes sociales?

Si los lectores tienen interés, ¿por qué no? Las redes sociales no te ofrecen los medios para ir publicando, pero sí para publicitarte.

5. Si crearas otro blog que no fuese sobre escritura/literatura, ¿de qué hablaría?

Difícil pregunta. Probablemente, de política o filosofía (o ambas cosas).

6. ¿Tu madre (o cualquier pariente cercano que piense que eres muy listo/a y muy guapo/a) lee tu blog? (Y si lo hace, ¿qué opina?)

Sí. Opinan que debería seguir, sin duda.

7. Escribir: ordenador vs papel y bolígrafo.

Considero que mi letra es más ornamental y romántica que práctica para escribir, así que delego ese poder en el teclado.

8. ¿Hay algún libro que no le perdonas al autor por haber escrito antes que tú?

No se ha dado el caso aún, por suerte.

9. ¿Escribes siempre en el mismo sitio? ¿Dónde?

No. En ocasiones en casa, en ocasiones en mi casa de exiliado, más conocido como piso playero azotado por el viento.

10. ¿Algún texto tuyo por el que sientas más cariño irracional de lo normal?

Probablemente este: https://elpalaciodeambar.wordpress.com/2012/12/18/adelanto-de-zonas-el-valle-de-arhkeuhnlunel/

11. Por último: ¿POR QUÉ (todo)?

El mundo no necesita razones para ser mundo. Es porque es. Vive porque vive, y no da lugar a elección.

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Adelanto de zonas: La travesía de Lo’rvhynndl

El gran oráculo S’ol entró en la estancia circular, donde halló a sus discípulos sentados en torno al lugar donde él solía sentarse. S’ol se acomodó en su lecho y cerró los ojos el tiempo suficiente para poder concentrarse.

“En esta vida…”

(En otra quizás no)

“… nada ocurre sin razón.”

Ningún alumno replicó, a diferencia de anteriores sesiones, ni siquiera D’aedl o F’aohl. S’ol agradeció para sus adentros que no le interrumpiesen. No era que no le gustara saciar la curiosidad de sus discípulos. Era, simplemente, que no debían.

“Cuando existe un principio y un fin, no existe solamente dicho principio y dicho fin.”

“Cuando se crea un principio, no se crea un fin.”

“Cuando se crea un fin, no se crea un principio.”

“Entre un principio y un fin, está un principio y un fin.”

Todavía no parecían animarse a intervenir en la homilía de S’ol. D’aedl prestaba atención, intentando descifrar las palabras de su mentor mientras F’aohl ya parecía haber descubierto su significado.

“Entre un principio…”

“…y un fin.”

“Hay TODO.”

“Y hay NADA.”

“Porque el principio…”

“…y el fin.”

“NO EXISTE.”

S’ol no se dio cuenta de que sus últimas dos palabras las dijo de un modo tan solemne y serio que asustó a muchos de sus alumnos.

“Las cosas no se pueden empezar…”

“… y tampoco terminar.”

“Pues ya están empezadas…”

“… y también terminadas.”

“Es por ello por lo que cuando algo es…

“IMPOSIBLE”

“… es porque creemos que hemos acabado.”

“Y cuando algo es…”

“INIMAGINABLE”

“… es porque aún no hemos empezado.”

“La diferencia entre lo…”

“IMPOSIBLE

y lo

INIMAGINABLE”

“… es que entre ellos dos…”

“… hay una sinergía proteica.”

“NOSOTROS.”

Acercamiento sinestésico: http://youtu.be/V6CfzDCjs4A

Rainforest_by_dr_druids

http://dr-druids.deviantart.com

#2 Capítulo 1-x: Oscuro Amanecer

“Vuelo por encima de las nubes, puedo ver inmensos mares y montañas altísimas que no había visto nunca. Veo ciudades cuyas formas escapan a mi imaginación y gentes cuya vida resulta aparentemente pacífica e inofensiva… veo una utopía.”

-¡Eh, Aura, despierta! -me dijo una voz conocida que no conseguí reconocer en ese momento- ¡Son ya más de las diez!

Lo único que conseguí fue retorcerme entre las sábanas de lo que parecía ser mi cama. Me agarré firmemente a la almohada y hundí la cabeza con un gesto de irritación. Últimamente me ocurría a menudo, no podía -no quería- despertar de esos sueños que me cautivaban cada noche al entrar en el umbral de la cama. Noté cómo me zarandeaban, en un segundo intento de despertarme, pero no fue eso lo que me iría a motivar a incorporarme.

-¿Vas a faltar al primer día de clase? Yo también lo haría… -me volvió a insistir la voz, que sabía de verdad cómo manipularme, a mi pesar.

Di un sobresalto, aún abrazada por esos sueños tan embriagadores, y conseguí lanzar con dudosa puntería la almohada al responsable como venganza, que no resultó ser otro sino mi hermano. Lo único que hice fue acertar a la lámpara, que cayó al suelo del golpe, sirviendo el estruendo de ayuda para espabilarme.

-¿Tú no tienes clase? -le repliqué, con tono forzado, como si quisiera que estuviera él en mi lugar.

-¡No, yo siempre empiezo una semana después que tú! -me contestó, casi provocativamente.

En ese justo momento me moría de la envidia, él podría haber seguido durmiendo disfrutando de ese sueño. Cansada, me resigné a echarlo de mi habitación, no me gustaba que gente que no fuera yo, independientemente de si era familia o no, pululase por aquí. Quizá lo consideraba como mi pequeño santuario personal donde todo lo que había dentro de esas cuatro paredes era yo. Me sentía vulnerable cuando había alguien dentro, temía que pudieran hacerme algo.

Conseguí hacerme la cama con gran dejadez, despidiéndome de ella hasta la noche y coloqué la lámpara caída en su sitio original, que por suerte había salido ilesa de mi agresión. Cogí una libretita pequeña de tapa dura que utilizaba siempre a modo de cajón desastre y un bolígrafo que no sabría decir si era azul o negro, pero me valdría igual, total, el primer día de clase nunca se hace nada, salvo tomar algún apunte rara vez necesario y algún garabato fruto del aburrimiento. Antes de salir de mi pequeño santuario personal, recordé que iba aún en pijama… o no, era la ropa de ayer. Medio ofuscada por tamaño despiste, volví a dejar mi libretita de Pandora, como solía llamarla, y el boli en su sitio y fui a arreglarme. Mi armario era el escenario perfecto para ambientar una película de Indiana Jones, ya que escarbando un poco podías encontrar de todo: desde pilas o chismes pequeños a apuntes importantes que podrían indicarme la posible localización del Santo Grial. Finalmente me decanté por una camiseta roja sin mucho adorno, a juego con las paredes rojas de mi habitación, y unos vaqueros, que por muy a la moda que estuvieran, los encontraba realmente incómodos. Ejecutado el primer paso, volví a hacerme con la libreta de Pandora y el boli y me fui escaleras abajo a tal velocidad y haciendo tanto ruido que ni el hombre del tiempo habría sabido pronosticar si yo provocaría tormenta hoy o solo chubascos. Ya en la cocina, desayuné lo más rápido que pude, escuchando un ruido que se me antojaba a televisión e ignorando a mi hermano, que aún vagaba sin rumbo por la casa. Suertudo. Salí de casa dejando atrás un fuerte portazo, y corrí dirección al instituto en el que estudiaba, atormentada por el pensamiento de si habría roto la puerta del golpe.

Se trataba de un día nublado, probablemente causado por mi olímpico descenso de escalera, había un ambiente húmedo y caluroso que daba sensación de asfixia. El murmullo del hombre del estanco captó mi atención y desvié la mirada a las portadas de la multitud de periódicos que vendía. Nada interesante para variar. Al verme pasar indemne, me dedicó una mueca críptica que no me molesté en descifrar. El tiempo me empujaba hacia delante, odiaba no llegar a tiempo a cualquier sitio. Me centré en proseguir mi camino. Tras varios minutos de camino a toda velocidad, había llegado justo a tiempo al instituto, la sirena acababa de sonar y las entradas seguían colapsadas por oleadas de alumnos muy variopintos. El instituto era un lugar bastante tétrico a mi parecer. Los edificios eran de ladrillo antiguo, cubiertos por una fachada de un color neutro, plagada de ventanas diminutas enrejadas; además, todo el perímetro estaba cercado por una valla de proporciones descomunales de las que muchos vecinos se quejaban porque le daba al instituto un aspecto similar a una cárcel. Por suerte, tampoco he tenido la oportunidad de saber cómo era una, pero me lo puedo imaginar. Estaba todo abarrotado de chicos y chicas de edades que, personalmente, me interesaban bastante poco. No me consideraba una chica de muchos amigos, valoraba la soledad y la intimidad muy favorablemente, los consideraba momentos de paz y tranquilidad en los que podía pensar sin que nadie me pudiera interrumpir. Sin embargo, había una chica con la que sentía que tenía cierta conexión: se llamaba Elisa, pero ella insistía en que le llamaran Liz porque era más corto. Liz era una bonita chica rubia de rasgos muy finos que solía vestir de colores oscuros que le otorgaban cierto halo de misterio interesantísimo.

Cuando la conocí, y de eso hace mucho tiempo, me informó de que detestaba verse rodeada de gente y que era increíblemente tímida y reservada, pero eso no me pareció impedimento alguno para ganarme su amistad. A veces, con su mirada parecía agradecerme mi compañía. Liz se relacionaba con muy poca frecuencia con los demás porque rápidamente la tachaban de rara y bruja, dado su gusto por la ropa oscura, pero a ella no parecía importarle demasiado. A primera vista, no la conseguí ver entre la muchedumbre estudiantil, cosa que no me extrañó. Finalmente la conseguí localizar sentada sola al pie de un árbol, que curiosamente estaba seco.

-¡Buenos días, señorita Liz! -saludé, con un tono alegre y mediopicante que decían que me caracterizaba y les divertía mucho. Le abracé.

-Hola Aura, -dijo ella, con su vocecilla melodiosa que muchos catalogarían como canto de sirena- ¿cómo ha ido el verano?

-Pues no ha pasado tanto… -le contesté, sinceramente- los veranos tienen una horrible tendencia a ser siempre iguales.

-Yo ampliaría ese rango temporal a todo el año. -opinó, con un aire filosófico e irrefutable.

[…]

Acercamiento sinestésico: http://youtu.be/YSshQu9rQLc

Adelanto de zonas: Las Tierras Inexploradas de Hamn’yah’tah

“¿Estamos solos en el mundo?”

El gran oráculo S’ol se relajó, sentado frente a sus discípulos como era ya tradición. D’aedl no creyó entender bien la cuestión de su maestro.

“¿Quieres decir que en el mundo solamente existe nuestro continente y no hay nada más allá?

S’ol asintió sonriendo. Hubo un momento de incertidumbre entre los alumnos, que cuchicheaban sobre el asunto. La verdad es que para esa pregunta no había respuesta. En la historia de su pueblo no se contaban relatos de ávidos navegantes, descubridores o conquistadores de tierras de allende. Asimismo, tampoco se narraban historias sobre sus orígenes. El oráculo S’ol prosiguió:

“No hay razón alguna para pensar que así es.”

F’aohl, en un impulso de rebeldía, rebatió a su mentor.

“¿Y cómo sabes con tanta certeza que hay más mundo si no hemos salido nunca de aquí?”

El gran oráculo S’ol se sintió herido por el juicio de su astuto alumno.  No porque lo considerara un acto contra su autoridad, sino porque estaba a punto de rasgar un inmemorable velo oculto, que quizá sería mejor que nadie revelara.

“Bien… nuestra gente no siempre cuidó de estas tierras.”

Los alumnos le miraban escépticos. Era de cultura popular no tratar con el pasado. Como consecuencia, la profesión de historiador no existía, así que los grandes sabios y eruditos de la zona se enfocaban en el estudio y ejercicio de la clarividencia y adivinación del futuro. De tanta importancia era encubrir lo pasado, que al final el viento se llevó toda imagen y letra de antiguas glorias y tragedias. Era el gran oráculo S’ol el que en ocasiones jugaba con sus alumnos a desenterrar inocentemente lo enterrado eones atrás por las arenas del tiempo. Así, continuó:

“Nuestro origen, como sabéis, es incierto. Lo que sí es sabido es que a nuestra civilización se le llamaba Yaah’tir, y que vivíamos en un lugar conocido como Hamn’yah’tah, que significa “las tres cabezas de Dios mirando al cielo”.”

F’aohl, el artífice de semejante explosión ancestral, ansiaba más información:

“¿Y qué nos hizo irnos de allí?”

S’ol le contestó bruscamente, con la mirada de aquel que lo ha experimentado:

“No nos expulsaron. Nos desterramos.”

Acercamiento sinestésico 1: http://youtu.be/x8k9f88gEbE

Acercamiento sinestésico 2: http://youtu.be/EsYjN4wFw4o

Swamp_of_DOOM_by_melora

http://melora.deviantart.com/

To my mischievous mistress

O, playful pixies and faerie sprites,

They are to blame, for they hid you well!

In this vast misty forest of many eerie wights,

I long for thee, whom satyrs hath bound in spell.

 

Precious blossoming flowers and trees sprout here,

Though had they seen the garden in your cheek,

I am certainly sure they’d likely switch to you, dear;

But worry not, milady, It’s not them whom I seek.

 

Charmed by the dazzling wisps and wise tree sages,

Now through the doomed magical grove I tread,

Hoping for the winds to draw you back to golden ages,

In which the most beautiful verses you could read.

 

Should I fail in this empress of finding you in this unholy coven,

Fear not, my mischievous lady, for you’ll be my guest in heaven.

Adelanto de encuentros: Huom’yor y Surdahr’ylum, ensamblajes gemelos de tenebrium y luxium

“De entre los artefactos arcanos que activaron los Xaloath, hay uno que requiere especial atención.”

El gran oráculo S’ol ya había aprendido cómo atraer la atención de sus alumnos. Como a él, ellos también parecían desarrollar un irracional interés por lo antiguo. En concreto, eran D’aedl y F’aohl los que más curiosidad mostraban ante las lecturas de escritos e inscripciones pasadas de S’ol. A ambos se les iluminaban los ojos y expandía ilimitadamente la imaginación cuando su maestro explicaba sus historias. S’ol continuó.

“Me gustaría recordar, sin embargo, que estos artefactos ya eran milenarios cuando el mundo era joven, y más aún antiguos cuando llegaron los Xaloath para activarlos.”

El gran oráculo S’ol hizo una pequeña pausa dramática. A S’ol le divertía teatralizar sus historias y comprobar que sus alumnos sucumbían a su escenificación, sumergiéndose en ellas.

“Cuenta la leyenda que las antiguas deidades de la luz y de la sombra libraron una gran batalla en el mundo. Lo curioso, es que no lo hicieron personalmente. Cada uno de los dos bandos solidificó su ira y odio en un material afín a su naturaleza: Tenebrium para la deidad sombría y Luxium para la divina. De estos materiales, ambos forjaron un ensamblaje que bautizarían como Huom’yor y Surdahr’ylum respectivamente, que actuarían como sus avatares de guerra, y los dejaron caer sobre la tierra.”

S’ol hizo otra pausa, y levantó la mirada para ver si alguno de sus discípulos quería hacer alguna pregunta. Se dio cuenta, de hecho, de que estaban tan atentos que lo mejor sería continuar, y así hizo:

“Al llegar sus creaciones al suelo, la deidad de la luz otorgó a su ensamblaje el don de confluir y energizarse con los sentimientos positivos; la deidad sombría, a su vez, dio a su constructo la habilidad de retroalimentarse con los sentimientos negativos. Tras esto, ambas divinidades confiaron el futuro de su confrontación a la voluntad de sus ensamblajes.”

A los estudiantes del oráculo S’ol les encantaba elucubrar y especular sobre estas historias. De hecho, esto era lo que pretendía su mentor, pues todas las historias y lecciones que les daba tenían una aplicación inmensamente mayor de la que pensaban. D’aedl pidió afablemente que prosiguiera.

“Las consecuencias de esta guerra podrían llegar a ser catastróficas: dos artefactos divinos desatando su furia en tierra mortal. Pero esta batalla no llegó a trascender a tanto. Cuando ambos ensamblajes entablaron combate, ocurrió lo imposible. Cuando Huom’yor quiso destrozar a Surdahr’ylum, se vio incapaz, pues este no tenía sentimientos negativos de los que aprovecharse. De igual manera, Surdahr’ylum no pudo hacerle frente a Huom’yor, quien no poseía buena fe de la que energizarse. De esta forma, ante la imposibilidad de resolver el conflicto divino, los dos ensamblajes horadaron su pecho para desgarrar la esencia de su ser, dejando un visible hueco que quedaría vacío para la eternidad, y ocultaron los dos vibrantes corazones en algún lugar del mundo.”

S’ol hizo una ligera pausa para recobrar el aliento, sintiéndose feliz de la curiosidad que despertó en sus alumnos.

“Se dice que los Xaloath solo consiguieron encontrar a Surdahr’ylum, pero no su corazón, impidiéndoles manipular el ensamblaje. Como habéis visto, no hay luz sin oscuridad, paz sin guerra, consuelo sin aflicción.”

Acercamiento sinestésico Huom’yor: http://youtu.be/6jtoVoqiEJs

Acercamiento sinestésico Surdahr’ylum: http://youtu.be/hnMjmYT8zd0

(En los avances de encuentros, la música va a ser más movidita, ya que su fin es que ambienten un combate o batalla en la que participarán los personajes de la novela. Esta en concreto es importante (SPOILER)).

berserker_armor_03_by_lutherniel-d5subu5

http://lutherniel.deviantart.com/

Holy_armor_by_makai_no_jyumin

http://makai-no-jyumin.deviantart.com/

Onírico

Me hallé al lado de una figura amistosa (no sabría decir si compañero o compañera) paseando por la entrada de la Plaza de Sto. Domingo en Murcia, que enlazaba con el archiconocido “Tontódromo”. Había mucha gente enfrente de un colegio que allí había, el cual supongo que estuviera especializado en música. Me hice paso junto a mi acompañante desconocido para descubrir lo que allí había.

Postrado enfrente de la puerta de dicho colegio estaba un contenedor de obra de colores verdosos y ocres, con dos hombres metidos dentro, uno mayor que el otro, ambos descalzos; empuñaban algo que parecía una azada, pero no estaba seguro del todo de que lo fuera. Al fin y al cabo, era una barra de madera con una punta metálica.

Al aproximarnos al contenedor, con más de un empujón de por medio, conseguimos visualizar lo que sería una espantosa imagen. El contenedor estaba repleto de carne, con sus músculos, tendones y huesos, y aquellos hombres parecían estar… ¿amasándolos en el contenedor? Sin duda, tan inusual suceso había atraído a las masas que por allí pasaban, y no eran pocas. Aun así, no podía dejar de preguntarme qué tipo de carne era esa en realidad, porque eran más grandes que cualquier pieza de carne que hubiera visto antes, y definitivamente olía peor, mucho peor, pero no pareció importarle a la curiosidad colectiva.

Los dos hombres siguieron amasando, o haciendo lo que Dios quiera que hiciesen con la carne. Me fijé en que se estaba volviendo cada vez más parecido a una pasta o masa, algo muy grotesco.

(Y desperté. Pero al cabo de unos minutos que se hicieron eternos, ese mismo sueño volvió a atraparme)

La desagradable pareja de “moldeadores de carne” del contenedor comenzaron a balbucear palabras sin sentido, que no decían nada a mi lexicón mental, pero que resultaban altamente corrosivas.

Sin razón aparente, miré al cielo, y a su vez, todos los demás curiosos de la multitud me siguieron. Allí, a lo lejos, parecía formarse una nebulosa y convulsa masa flotante de “algo” cuyo color era marrón principalmente, pero que cubría todo su espectro de tonalidades.

(Y volví a despertarme. A simple vista y sentimiento de aquel que duerme y no tiene la conciencia despierta aún, parecía una mera pesadilla, pero no había síntomas aparentes de que de verdad lo fuera. Tras unos pocos minutos, me volví a meter en ese mismo sueño)

Seguía mirando a esa lejana cosa flotante, paralizado de horror al ver cómo iba haciéndose más y más grande, al son de los gritos ignotos de los señores del contenedor de carne. Para mayor espanto, de esa cosa en el cielo comenzaron a supurar apéndices que se meneaban amenazantes lejos, sobre nosotros. Además, juraría haber visto una especie de ojo, pero no conseguía volverlo a ver.

(De nuevo, me volví a despertar. Pero el sueño aún no se había completado, y me volvió a tragar)

Sentía que tenía que dejar de mirar aquella cosa, el mero hecho de contemplarla corroía y tambaleaba mi cordura. No sería yo el primero que saliera corriendo alocadamente. Afortunadamente para mi orgullo, no. Gran parte de la multitud presente decidió huir a gritos, y yo me uní con mi desconocido compañero.

Sin saber por qué, terminamos en la catedral, donde nos encontramos a varios sacerdotes, apropiadamente engalanados, colocando todos los bancos de las misas de los domingos en las puertas, bloqueándolas. Veíamos como algo empujaba a las sólidas puertas de la catedral, amenazando con profanar tan sagrado lugar. Antes de cada empujón precedía un horripilante sonido acuoso, blando y grotesco.

(Y volví a despertar. Parecía que ya había pasado todo, pero volví a entrar allí)

Lo único que oímos mi acompañante, los sacerdotes y yo, fue un aterrador chillido que penetraba oído y mente, derribándonos y disipando nuestra existencia onírica.

(Y desperté por última vez. Esta vez me atormentaba la espera, la espera de que me volviera a sumergir en ese mismo sueño. Pero no, no volví a entrar ahí, y no sabría decir a ciencia cierta si eso era realmente mejor o peor)